Es contundente lo que dicen los antiguos jefes de ETA sobre la gestión del proceso, es una carga total contra la actual cúpula etarra, que se podría traducir en una especie de vacío de poder, y quizás los de arriba lo traduzcan en la necesidad de volver a la brutalidad de siempre para volver a ganar el mando.
Jefes de ETA presos en Francia critican a Ternera por su gestión del proceso
J. PAGOLA / D. MARTÍNEZ. MADRID.
Ex cabecillas de ETA presos en cárceles de Francia mostraron su disconformidad, por motivos diferentes, con la forma en la que la actual dirección de la banda, con «Josu Ternera» a la cabeza, estaba gestionando el denominado «proceso de paz». Algunos, como Félix Alberto López de la Calle, «Mobutu», y Mikel Albizu, «Mikel Antza», reprocharon a los jefes de la banda la escasa información suministrada a la «izquierda abertzale» a lo largo del «alto el fuego permanente», y otros, como José Javier Arizcuren Ruiz, «Kantauri», y José Antonio Olarra Guridi, criticaron «la falta de rumbo» y que se había llegado a la «tregua» sin «acumulación de fuerzas», ni en el «frente político», ni en el «militar».
El debate suscitado entre estos antiguos cabecillas se produjo entre enero y febrero de este año, no mucho después del brutal atentado contra la Terminal 4 de Barajas, y se desprende de las diferentes investigaciones llevadas a cabo por los servicios de Información sobre los presos de la banda.
Tradicionalmente, salvo alguna excepción, como ocurrió con Domingo Iturbe Abásolo, «Txomin», los jefes de la banda dejan ya de tener capacidad de decisión y mando en el momento en que son detenidos. Automáticamente toma el relevo el etarra que ejercía como «número dos» en el «aparato» correspondiente. Pero hace unos años, y ante el vacío de poder en ETA como consecuencia de la sucesiva caída de cabecillas, la banda decidió constituir una especie de «consejo de ancianos», integrado por algunos de los antiguos dirigentes recluidos en cárceles de Francia, que aunque no tuviera capacidad de decisión en cuestiones operativas, sí disponía de cierta influencia en la estrategia global.
Voces críticas
La mayoría de estos antiguos dirigentes presos en el vecino país discrepan de la forma en la que los actuales jefes de ETA han gestionado el «alto el fuego», pero lo hacen por motivos bien diferentes. De las «aportaciones» de unos y otros se desprende, sin embargo, que nadie se replantea la «legitimidad» de la actividad terrorista. A lo más, cuestionan que en un momento concreto sea oportuno ejercerla.
Para el antiguo responsable del «aparato logístico» Félix Alberto López de la Calle Gauna, «Mobutu», la «Organización» no ha sabido dirigir el alto el fuego por «falta de rumbo», al tiempo que pone en evidencia una serie de contradicciones durante este periodo, como que un día la banda dijera que el proceso avanzaba y al siguiente todo lo contrario; es decir, que estaba bloqueado. Pero aquí no acaban sus críticas. «Mobutu» arremete contra la actual dirección por haber tenido «desinformada» a la izquierda abertzale, especialmente a los «políticos». Cree, en este sentido, que durante los catorce meses de tregua se han creado muchas expectativas en Batasuna y sus grupos satélites y «todo para nada».
En opinión del etarra, el atentado de ETA en el aeropuerto de Barajas no sólo causó sorpresa en la izquierda abertzale sino que «no lo entendió». Su perplejidad fue «pública y así lo pudimos ver todos». Para Mobutu, el asesinato de los dos ecuatorianos, fue el fin de la tregua y por ello no alcanza a entender por qué la «Organización» la mantuvo hasta el pasado 5 de junio. Ante esta situación, el preso llega a poner en duda que la dirección etarra tuviera una «idea clara de lo que quería» durante el «proceso» y, por este motivo, se plantea si en lugar de la negociación, lo que pretendía era una «parada táctica».
José Antonio Olarra Guridi, miembro del «comando Madrid» antes de pasar a jefe del «aparato militar», es uno de los etarras que en este debate mantuvo posiciones más duras. En su opinión, la «Organización» erró desde el punto de partida debido a que «no hubo la suficiente acumulación de fuerzas», ni «del frente político ni el militar»; es decir, de atentados previos para ir a la mesa de negociación desde una posición de fortaleza. En su opinión, los atentados cometidos en 2005 y 2006 no aportaron presión y por ello cree que el PSOE interpretó la declaración de alto el fuego como una muestra de «debilidad y de que la Organización estaba contra las cuerdas». Todo esto le lleva a pensar que «el Estado», en lugar de abordar «el problema político», lo que ha hecho es «atacar» a la izquierda abertzale y ganar tiempo.
El mismo sentido critico lo mantiene José Javier Arizcuren Ruiz, «Kantauri», que ya se mostró en contra de la tregua anunciada tras el Pacto de Estella. A su juicio, el «proceso» no estaba «maduro» y critica a la actual «Organización» por no haber sabido aprovechar la «experiencia de Lizarra-Garasi». Así, recuerda que en ese proceso la situación «estaba más madura y, sin embargo, el PNV nos engañó». Esto le lleva a pensar que ETA ha tropezado dos veces en la misma piedra, ya que, en su opinión, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, planteó el «proceso» de negociación «en clave de rendición», como si la desaparición de la banda «resolviera el conflicto». Por último, «Kantauri», que se muestra partidario de romper ya, expresa su total desconfianza en los cabecillas etarras y considera que no tienen capacidad «para responder».
Ignacio Gracia Arregui, «Iñaki de Rentería», ex máximo dirigente de la banda terrorista, también cuestiona a la «Organización» hasta el punto de acusarla de improvisación. Al igual que «Kantauri», cree que la cúpula etarra carece de «capacidad de respuesta» y por ello se pregunta si ha sopesado las consecuencias «de volver a la lucha armada». En este contexto señala que no se puede volver a la actividad terrorista y «dejar la iniciativa a las policías española y francesa, con represión».
No cerrar del todo
Para el interlocutor de ETA en la tregua de Estella, Miguel Albizu Iriarte, «Mikel Antza» considera que la negociación que se puso en marcha tenía sus riesgos, pero considera que lo crucial es que la izquierda abertzale entienda bien por qué se abrió el «proceso» y por qué se puede cerrar ahora. Además de advertir que no debe repetirse la experiencia de «Lizarra Garasi», «Antza» se refiere al atentado de Barajas, para decir que fue «contraproducente», no sólo por ser criticado por la izquierda abertzale, sino porque «dio argumentos al Estado para elevar las condiciones y ralentizar el proceso, que es lo que le conviene». El preso considera que la «Organización» no se ha explicado lo suficiente cuando ha dicho que también el Gobierno ha incumplido los compromisos.
Para Félix Esparza Luri, detenido junto a «Mobutu», durante el «proceso» la izquierda abertzale ha estado «desorientada» y el PSOE no ha querido la negociación política. En su opinión, no se ha sabido analizar la situación y al mismo tiempo lamenta que la «Organización» no se haya «rearmado lo suficiente», lo que le lleva a concluir que puede pasar «factura».