Radicales siembran el caos en Bilbao al impedir la Ertzaintza una marcha de D3M
Altercados por toda la ciudad, contenedores calcinados, un batzoki atacado y cinco detenidos tras prohibir Garzón la manifestación
15 de febrero de 2009 - 02:28
M. RUEDA / J. M. MALLO.-
Cinco detenidos, el lanzamiento de cócteles molotov contra el batzoki de la calle Tendería de Bilbao, decenas de contenedores cruzados y calcinados, destrozos en el mobiliario urbano y agresiones a periodistas es el balance de los altercados que se produjeron ayer por la tarde, después de que radicales que intentaban participar en una manifestación prohibida para protestar por las ilegalizaciones de D3M y Askatasuna sembraran el caos por el centro de la capital vizcaína al impedir la Ertzaintza la marcha. Los incidentes se produjeron cuando los simpatizantes de la izquierda abertzale concentrados intentaron realizar un recorrido alternativo. A su paso fueron dejando un rastro de destrucción que la Policía autónoma trató de abortar al salirles al encuentro.
Algunas de las calles más céntricas de Bilbao, como Hurtado de Amezaga y la Gran Vía, se convirtieron en el escenario de una auténtica batalla campal. Las continuas cargas de la Ertzaintza, las barricadas y los insultos y amenazas de los manifestantes a periodistas, transeúntes que les reprochaban su actitud y conductores a los que pretendían cortar el paso, vistieron el paisaje de la ciudad, una tarde de sábado con innumerables familias de compras y muchos paseantes que aprovecharon una jornada sin lluvia después de tantos días de mal tiempo. Un decorado que, por otra parte, ya se repitió hace justo un año, cuando otra marcha con los mismos protagonistas contó con el mismo final. En aquella ocasión, la protesta era contra la suspensión de actividades de ANV y EHAK.
Contra el PNV
La manifestación de ayer, cuyo lema era 'Demokrazia orain' (Democracia ahora), fue prohibida a última hora del viernes por el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón, quien instruye una causa penal contra Askatasuna y D3M, al entender que ambas plataformas están instrumentalizadas por ETA-Batasuna. Tras conocerse la decisión, la izquierda radical informó ayer por la mañana, a través de una nota, de que mantenía la convocatoria, al tiempo que instó al PNV a que «no envíe a su policía a cumplir las órdenes de Madrid».
En este contexto, minutos antes de las cinco y media de la tarde -hora fijada para el arranque de la movilización-, miles de personas se habían concentrado en la calle Autonomía, a la altura de La Casilla. Entre los congregados se encontraban los ex dirigentes de Batasuna Arnaldo Otegi, Antton Morcillo y Julen Aginako, así como la secretaria general de LAB, Ainhoa Etxaide, y su antecesor en el cargo, Rafa Díez Usabiaga. La portavoz de D3M Itziar Aizpurua, subrayó que la prohibición del acto demuestra «la calidad democrática del Estado español» y reiteró que esta candidatura va a estar en las elecciones y que «los miles de votos» que obtendrá, son los que van a hacer «más daño a Patxi López, a Ibarretxe y a Rubalcaba, que está metido hasta las narices» en Ajuria Enea y en el Parlamento vasco.
El punto de encuentro de la manifestación era la plaza Aita Donosti, a la que un cordón policial impedía el acceso, por lo que los asistentes se reunieron en La Casilla, situada a unos 300 metros de distancia. Agentes de la Ertzaintza dieron dos pasadas en furgonetas para comunicar por megafonía que la marcha estaba prohibida y pedir a los congregados que despejasen la calzada. Fueron recibidos con una sonora pitada y todo tipo de insultos. A la hora de partida, la Policía autónoma formó otra barrera humana cerrando el paso hacia Hurtado de Amezaga.
Los concentrados hicieron caso omiso a las demandas de la Ertzaintza y comenzaron a proferir consignas contra el PNV y en favor de la candidatura anulada D3M, cuyas papeletas de voto ondeaban con las manos. Transcurridos unos veinte minutos, entonaron el 'Eusko gudariak' y, acto seguido, improvisaron una marcha por la única calle que carecía de vigilancia policial: Doctor Areilza.
A paso ligero, enfilaron por Pérez Galdós, donde los radicales volcaron los primeros contenedores. Más adelante, en la calle Egaña, sus ataques fueron recogidos por varias cámaras fotográficas y de televisión. Poco más adelante, la aparición de ertzainas antidisturbios provocó la primera carga policial y la subdivisión de este grupo en grupúsculos más pequeños que, por diversas calles, se fueron acercando al corazón de la ciudad. En Hurtado de Amezaga, un grupo de encapuchados -algunos con guantes de látex- atacó un Bilbobús, pero se vio obligado a dejarlo ante la negativa de los viajeros a abandonar el transporte público.
Los radicales, finalmente, alcanzaron la plaza Elíptica, donde se produjeron varias cargas, y la Gran Vía, donde consiguieron interrumpir el tráfico cinco minutos, a las siete de la tarde. La aparición de la Ertzaintza llevó a muchos de los manifestantes a refugiarse en El Corte Inglés, desde donde lanzaban insultos a los agentes y coreaban gritos en favor de la independencia. Esta situación se repitió durante un largo rato, cada vez que la Policía autónoma se retiraba. Cuando regresaba, los concentrados se confundían con los numerosos transeúntes que a esa hora paseaban por la principal vía bilbaína, de modo que impedían a los antidisturbios proceder a su disolución. Las últimas carreras se produjeron a última hora de la tarde en el Casco Viejo, donde el batzoki de la calle Tendería fue atacado con varios cócteles molotov, aunque los daños fueron de escasa entidad.
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