LEMONDE.FR (Francia)
La deriva mafiosa de AQMI
Martes, 30 de noviembre de 2010
El reciente secuestro de los rehenes de Areva en Níger apareció a menudo como la revelación de una colusión entre la nueva rama africana de la franquicia Al Qaïda y los Tuareg. ¿Cuando un francés comete un crimen, Francia se hace un Estado criminal? Pero por una reducción fácil, según el raciocinio " ¿A quién beneficia el crimen? . Los Tuareg son acusado porque son las primeras víctimas de las actividades de Areva a Níger.
Es muy posible que uno o varios Tuareg hubiera participado en los secuestros de Arlit. La miseria es generadora de la criminalidad y el afán de lucro, en cualquier lugar, es el motor de las relaciones sociales. Entonces AQMI (Al Qaïda en el Magreb Islámico) se ha hecho en algunos años la única industria en el espacio tradicionalmente ocupado por los Tuareg, el empresario único de la región. ¿Cómo hemos llegado hasta esto?
Según Jeremy Keenan, heraldo de la teoría del complot americano-argelino, sería la CIA y el Departamento de la información y de la seguridad (DRS) quienes habrían creado esta situación multiplicando las provocaciones con el fin de crear una " zona de guerra " en Sahel para justificar su intervención en la región, la tesis repetida por las poblaciones locales. Pero la teoría del complot no explica todo.
Otros factores geopolíticos o hasta naturales, también han desempeñado su papel. Es evidente que la desertificación (sequías de 1975, 1985, 2010), que crearon sus primeros refugiados climáticos desorientó a poblaciones que debieron convertirse en vagabundos alrededor de las ciudades. Las antiguas referencias socioculturales no tienen validez y los jóvenes que tienen acceso a los gadgets de la modernidad se niegan a sacrificarse en nombre de la tradición y buscan otras fuentes de rentas. Hace mucho tiempo se exilian a los países vecinos en busca de empleos mal remunerados. Los niños de éstos, a los que se llamaba Ishumars por analogía con los desempleados de larga duración, ya no tienen las mismas referencias, los mismos valores, que las de sus antepasados y que están preparados para sobrevivir en cualquier pequeño trabajo remunerado que puedan encontrar.Poca importancia tiene la identidad social del empresario: ¡el dinero no tiene olor ni color! Además, en estas zonas fronterizas, el contrabando es desde hace muchísimo tiempo un medio de aumentar los ingresos (gasoil, cigarrillos, armas ligeras y, desde hace poco, trata de emigrantes). Estas circulaciones son organizadas por las comunidades del Sur de Sahel (esencialmente nigerianos) que contratan Tuareg como chóferes porque son los únicos que conocen el terreno.
REBELIONES
Antes de venderse así, estos Tuareg han intentado resistirse a su empobrecimiento, organizado por los poderes fácticos, forjando su destino. Fueron las rebeliones de 1963-1964 (Adrar des Ifoghas, en Mali), 1990-1995 (Mali y Níger) y de nuevo 2006-2010 en Mali primero, luego en Níger. Aunque victoriosa, la última rebelión se desmoronó en la corrupción de sus dirigentes comprados por los petrodólares de Gadhafi. (En 1985, el dinero de la solidaridad internacional, secuestrado por las élites de Mali, permitió la construcción Bamako de "Las villas de la sequia", en 2010 son construidas en Niamey "Las villas por la rebelión "). Con los campamentos abastecidos de armas ligeras, los rebeldes agravaron la inseguridad en la región y multiplicaron el número de "asaltadores de caminos" según un esquema de bandolerismo todavía no organizado. Todos no eran Tuareg, ni de lejos, pero toda comunidad tiene sus renegados y no hay otra razón de su existencia sino es dada por la tónica general. Ayer, los jefes tradicionales se habrían ocupado de estas "ovejas negras" y les habrían impedido actuar, por medios más o menos legales. Hoy, éstos no se esconden más y, en ausencia de fuerzas de policía, llevan sus operaciones impunemente.
La última rebelión coincidió en el tiempo con una reestructuración del comercio de la cocaína: las antiguas vías de penetración de Europa por el mar se volvieron demasiado inciertas. Y se presentó la ocasión cuando un pequeño Estado africano fallido, Guinea-Bissau, se ofreció para proteger los cargamentos. La droga, fué almacenada allí esperando ser cargada sobre "go-fast", estos 4×4 muy rápidos que se lanzan hacia su destino: Europa. Atraviesan algunas fronteras amenazando o asalariando a sus guardianes y así es como penetran particularmente en el espacio tuareg. Contratan a conductores locales para que los guien al otro lado de la frontera argelina. Estos vehículos transportan un cargamento irrisorio y se consideró pues más económico de fletar por lo menos un " avión suicida ", el cual acabó su carrera en noviembre de 2009 en las arenas del norte de Gao donde su cargamento fué trasladado en los famosos "go-fast". Tales incursiones por el espacio aéreo de países soberanos no pueden hacerse sin las complicidades al más alto nivel de las fuerzas armadas, de la policía o de la administración, compradas las complicidades con narcodólares. El hecho de que el avión de carga sea de un único uso es un indicio del importe de los beneficios de este trafico.
DINERO
A lo largo de las vías de paso, el dinero comenzó a circular entre una cierta élite, comenzando a aparecer envidiosos que quisieron participar en los negocios y ofrecieron sus servicios. La gangrena se difundió muy rápidamente en todas las comunidades de la región: responsables políticos nacionales o locales, todo el mundo quiso ser participe, sobre todo porque la droga estaba destinada a los europeos, un pequeño desquite sobre el antiguo colonizador, porque África no es todavía un mercado bastante desarrollado como para interesar a los narcotraficantes.
Mientras que aparecía en el horizonte este "go-fast" que el turista asombrado veía pasar a toda marcha, mientras que se les arrastraba en los 4×4 asmáticos de las agencias de viajes locales, el GSPC argelino (Grupo salafista para la predicación y el combate) se hacía una franquicia de Al Qaïda bajo la etiqueta AQMI. Gracias a los rescates pagados por los Estados europeos, las tropas poco numerosas de AQMI fueron muy bien armadas. Implantados en todas las comunidades locales (un emir por lo menos se proporcionó localmente a varias esposas en cada una de ellas), así la organización se aseguraba la benevolencia de familias enteras ampliamente regadas con dinero sucio. Ricos, fuertemente armados, muy móviles, tolerados por las autoridades y abastecidos localmente, los "barbudos" ocuparon poco a poco el terreno abandonado por los Estados desfallecientes que no tienen los medios de vigilar las extensiones vastas y saharianas - y que no ven razones para hacerlo pues solo le concierne a poblaciones marginadas a las que no consideran completamente ciudadanos. Así pues, como no es cuestión de abastecer al Tuareg, para combatir a AQMI, de el material militar pesado que les permitiría limpiar su espacio, el desierto les es entregado y es en lo sucesivo, AQMI quien controla las pistas. Nada se hace en la región sin el acuerdo de sus jefes y todos los traficantes deben pagar un derecho de paso. Además de los rescates, la organización dispone también de las sumas extorsionadas a los traficantes como precio de su "protección".
Toda la zona en el norte de la curva del Níger - de Tombuctú en Taoudenni, de Gao a Tessalit - es entregada a los "barbudos" que circulan libremente sobre las pistas como por las calles de los pueblos. En lo sucesivo, las mujeres no muestran en público nada más que dos ojos cercados de un velo, lo que era contrario a la tradición. Instalan sus propios controles sobre las pistas, controlan las identidades, verifican el contenido de los ordenadores portatiles y de los mensajes de los móviles o los teléfonos satélites, y roban a los viajeros, como les venga en gana. El asesinato se hizo el medio habitual de presión para imponer silencio a los que se oponen a los recién llegados. Ayer todavía, la familia de la víctima habría desalojado a los culpables y se habría asegurado su destrucción. Hoy, la solidaridad familiar estalló bajo la presión de la amenaza, pero sobre todo de la corrupción. Las relaciones sociales están gangrenadas en lo sucesivo por la interrogación: " ¿es? " Es decir: ¿se le vendió a AQMI o podemos confiar en él? ¿ Cuánto tiempo? Todas las comunidades están tocadas: tuareg, Moros, árabes o Songhaï.
PULPO
Corrupción, fallo del Estado, contrabando de armas y de estupefacientes, la zona pues es entregada a bandoleros que viven de extorsión. AQMI no es una mafia tradicional en la medida en que no organiza todavía directamente el contrabando, sino que se contenta con extorsionar a los contrabandistas y las poblaciones. No obstante, puede infiltrándose por la corrupción que impregna la sociedad, en el funcionamiento del poder, como el pulpo proverbial.
En Mali y en Níger, el secuestro de europeos no es un acto terrorista, sino un acto de bandolerismo muy rentable (contrariamente a las acciones perpetradas en Mauritania: asesinatos de europeos y atentados suicida). Si ocurre que el rehén es asesinado (asesinato de Edwin Dyer en mayo de 2009), es para mostrar la determinación de sus carceleros y asustar los Estados en cuanto a la suerte que correrán sus nacionales si se niegan a pagar el rescate, y si ocurre que el rehén muere durante su cautividad, esta muerte natural, es aprovechada con la misma intención. Las posturas politico-religiosas están destinadas a sus benefactores en el Medio Oriente y en Paquistán. El proselitismo salafista sirve de opio a las poblaciones locales tradicionalmente piadosas sin exceso.
Llevados por el afán de lucro, los supervivientes del GSPC se crearon, gracias a las condiciones geopolíticas particulares de la región sahélo-sahariana, un jugoso queso. Sólo los Tuareg están en situación de cazarlos, más aun, cuando de la opinión de los expertos, serían sólo algunas centenas los que tienen la zona. Haría falta allí una voluntad política local que no existe y, sobre todo, la abstención de las potencias occidentales pués con su intervención sólo reforzarían sus filas.
Anne Saint Girons publicó Las rebeliones touarègues (Ibis Press, 2008).
Anne Saint Girons, doctora en ciencias políticas