Publicado: 21 Jun 2008 12:35
Amplio la noticia de La Razón:
Cae el hombre de confianza de Paesa
• Su nombre es Jesús Guimerá y era la mano derecha de Francisco Paesa. Bajo el amparo del espía, Guimerá participó en el tráfico de armas a gran escala, en operaciones encubiertas contra ETA y colaboró en la farsa de los ‘papeles de Laos’ para entregar a Roldán. Ahora, la Guardia Civil lo ha detenido.
Reportaje por: Daniel MONTERO
Fotografías por: 16/06/08
Cuando, el pasado 2 de junio, en el marco de la operación Ládano, la Guardia Civil desarticuló una red de traficantes de droga, los agentes no sospecharon que habían dado un golpe letal a un histórico colaborador del Ministerio del Interior. Pero no había duda: la documentación que hallaron en los primeros registros de las avionetas y pisos que utilizaban los narcos llevaba a Jesús Guimerá Manjón, de 58 años, de profesión piloto de líneas aéreas y, como colaborador policial, la mano derecha del espía Francisco Paesa. El instituto armado procedió a su detención inmediata. La red actuaba a la colombiana: los detenidos se dedicaban a introducir grandes cantidades de hachís en el país por medio de avionetas. En lugar de utilizar aeropuertos, las aeronaves aterrizaban en pistas forestales para burlar la vigilancia de las Fuerzas de Seguridad. Al frente de ese entramado sitúa la Guardia Civil a Guimerá.
El hombre para todo
Nacido en Fernando Poo cuando Guinea era colonia española, Jesús Guimerá estuvo casi 30 años junto a uno de los principales urdidores del Ministerio del Interior en los años de la guerra sucia contra ETA. Y colaboró con Paesa en operaciones encubiertas para los servicios secretos españoles dentro y fuera de las fronteras españolas. “Jesús fue un colaborador, no un amigo. Mientras estuvo cobrando estuvo callado. Dejó de trabajar conmigo unos meses antes de mi desaparición. Después, se presentó en el despacho de Garzón y me traicionó”, declaró el espía Paesa a esta revista tras ser localizado en París en diciembre de 2005, siete años después de fingir su propia muerte.
Según la información policial, la red que presuntamente lideraba Guimerá contaba con seis avionetas de su propiedad que utilizaban para trasladar grandes cantidades de droga. Los narcos se habían especializado en trasladar hachís desde la zona norte de Marruecos. Los agentes encargados del caso sospechan que la red había comprado dos aviones de mayor autonomía para comenzar a introducir en España grandes cantidades de cocaína por la misma ruta. Ahora, la Guardia Civil investiga el entramado societario creado por Jesús Guimerá y sus hombres bajo la titularidad de José María Ramírez Mena, considerado el “lugarteniente” de la red según informaciones policiales.
El piloto ahora detenido –que formó parte del Batallón Vasco Español en los años de la guerra sucia contra ETA y era apodado el Nazi– fue la pieza fundamental para la localización y entrega del ex director de la Guardia Civil Luis Roldán, fugado de España en 1994 tras el ser acusado de cobrar 1.500 millones de pesetas en comisiones y fondos reservados. La fuga de Roldán puso en jaque al Gobierno de Felipe González. Incluso costó el cargo al entonces ministro del Interior, Antoni Asunción. Fue entonces cuando el ejecutivo socialista se sirvió de Guimerá para zanjar la crisis. Un comandante de la Guardia Civil apodado el Ruso se puso en contacto con el hombre de Paesa el 2 de mayo de 1994 para comenzar las negociaciones. Dos meses después, Guimerá se cita con el espía en una brasería de la calle Ortega y Gasset, de Madrid. Paesa le pide que le saque de España sin usar ningún aeropuerto. Y Guimerá accede. Le lleva hasta la frontera con Francia en su coche particular. En aquella época, Guimerá disponía de todo el tiempo del mundo para los encargos de Paesa, ya que se encontraba de baja médica en su trabajo como piloto. En junio de ese mismo año, Guimerá viaja a París para entregar a Paesa dinero en metálico. Ese dinero sirvió para sufragar la estancia de Roldán, oculto en la capital francesa. “Paco es un personaje contradictorio en sí mismo. Listo, no inteligente. Hombre con gran experiencia en triquiñuelas bancarias, experto en estafas de pequeño y gran nivel. Frío y con un encanto personal muy grande”. Así definía Guimerá al espía Paesa en una entrevista periodística.
El correo de Paesa
Tras varios contactos con representantes del Ministerio del Interior, Guimerá lleva a Paesa una oferta para entregar a Roldán. La jueza Ana Ferrer, encargada de la investigación del caso, citó entonces a declarar al piloto: “Tengo una relación amistosa con él [Paesa] desde hace 20 años. Últimamente le he asesorado sobre empresas aeronáuticas. Recientemente me he encontrado con él no sólo en España, sino también en Rusia, Alemania, Inglaterra o Francia”, declaró en el juzgado ante su relación con el espía. En una ocasión, Guimerá sirvió incluso de conductor en una reunión secreta en un vehículo. El coche transportaba al espía Paesa y a José Enrique Serrano, entonces jefe de gabinete de La Moncloa.
Guimerá jugó un papel activo en toda la trama de la falsa extradición de Luis Roldán desde Laos. Mientras el ex director de la Guardia Civil se encontraba fugado, el espía Paesa quedó al cuidado de los 1.500 millones amasados por Roldán. En lugar de vigilarlos, Paesa los transfirió en varios envíos a cuentas de su propiedad en una sucursal de Bangkok. Tras la operación, el espía entregó a Roldán y se quedó con el dinero. Para que todo cuadrara, Paesa tramó una farsa y fingió que Roldán se encontraba oculto en Laos. Desde allí, sería extraditado a España. Y para eso, tenía que falsificar toda la documentación. Incluso contrató a figurantes, que se hicieron pasar por policías laosianos. El 27 de febrero de 1995, Roldán fue entregado a la policía española en el aeropuerto de Bangkok por un supuesto policía laosiano llamado capitán Khan. En realidad, se trataba de un experto en artes marciales que Guimerá había conocido en un café de París. Es el mismo Guimerá quien entrega al improvisado actor un sobre con los documentos falsificados de la extradición de Roldán. “Los papeles se elaboraron en el domicilio de Paesa en París. Ni en Camboya ni en Laos”, declaró el piloto para un documental televisivo. El hombre de Paesa cobró 10 millones de pesetas del Ministerio del Interior por sus gestiones, al igual que otros colaboradores de Paesa y uno de los policías integrantes del dispositivo. El dinero partió de manos del espía Paesa, que cobró 300 millones directamente de los representantes del Gobierno de Felipe González.
Doce personas detenidas
Ahora, la Guardia Civil ha detenido a otras once personas acusadas de integrar una supuesta red de narcotráfico comandada por Guimerá, según la tesis policial. En los registros, los agentes del instituto armado localizaron dos fusiles de asalto, tres subfusiles, varias pistolas y otras armas de diverso calibre, 16 vehículos de alta gama, además de las avionetas, decomisadas en un pequeño aeródromo de la provincia de Huelva y en una pista de aterrizaje de Portugal.
Tras la fuga de Roldán, Paesa fingió su propia muerte y desapareció de España. Rompió todo contacto con sus anteriores colaboradores. Incluso con Guimerá. “Lo mismo que limpio y destruyo documentos, mi memoria borra a la gente”, aseguró el espía al ser preguntado por su antiguo colaborador. Hasta aquella fecha, su hombre de confianza quedó encargado de los negocios de Paesa relacionados con el tráfico de armas. Cada cierto tiempo, Guimerá informaba por medio de un fax secreto al espía sobre los resultados de sus negociaciones. Antes de la espantada de Paesa, la pareja preparaba una operación de 180 millones de dólares con la mediación del tra_ cante internacional George Starkman, socio del espía español en asuntos de armas. El 18 de julio de 1998, Jesús Guimerá recibió la noticia de la muerte de Paesa. Y se sintió dolido. No por su fallecimiento. Sino porque sabía que su protector había escapado, cargado de dinero, y sin decirle absolutamente nada. ¿Una nueva pantomima? Diez años después Guimerá aparece de nuevo en el lado oscuro. Y solo. Aunque en el trabajo de espía nada es lo que parece.