bilbilitano escribió:Pero que quede claro que es por cuestiones legales, no políticas.
¡Ahí quería llegar yo!
Se pretende que dicho problema (o más bien, problemón) es un tema jurídico, cuando en realidad es político.
Como no me veo capaz de explicar el embrollo, os remito a un artículo de opinión del periodista Francesc Marc Àlvaro de "La Vanguardia" de fecha 9 de diciembre de 2009:
---------------------------------------------------------------------------------------------------------
El 13-D y el hartazgo
20 votos 50 comentarios
FRANCESC-MARC ÁLVARO | 09/12/2009 | Actualizada a las 00:26h | Política
Un total de 161 municipios de los 946 que hay en Catalunya celebrarán el próximo domingo día 13 de diciembre una consulta democrática no oficial en la que se preguntará lo siguiente: "¿Está de acuerdo en que la nación catalana sea un estado de derecho, independiente, democrático y social, integrado en la Unión Europea?". El precedente de esta iniciativa es la consulta popular que la localidad de Arenys de Munt realizó el domingo 13 de septiembre. Allí la participación fue del 41,01%, el sí logró un 96,33% y las papeletas del no representaron un 2,28%. Este movimiento ha desbordado a los partidos políticos presentes en el Parlament, incluido ERC, y ha dado un inusitado protagonismo a otros actores. A pesar de la fragmentación y de la competencia entre plataformas y colectivos independentistas, se ha generado, con mayor o menor suerte según las localidades, una organización nueva que, sin un líder ni una estrategia clara, propone un ejercicio democrático que altera la agenda política, todavía no sabemos si mucho o si poco.
¿Cómo se ha llegado a esta situación? Se producen tres fenómenos que, puestos en contacto, constituyen el combustible de estas consultas. En primer lugar, el cambio de percepción sobre la vía autonomista que introduce la dura batalla por el nuevo Estatut y su posterior bloqueo por parte del Tribunal Constitucional. En segundo lugar, el desencanto de aquellos sectores que dieron la confianza a ERC para que impulsara políticas soberanistas desde el Govern de la Generalitat. Y, en tercer lugar, el profundo cambio de mentalidad que va unido al relevo generacional en aquellos sectores más dinámicos de la sociedad vinculada al catalanismo, lo cual expresa que se ha perdido el miedo a ciertas preguntas.
Dos son los puntos fuertes de estas consultas: ensanchar los cauces de la democracia y la participación ciudadana de forma pacífica y tranquila, así como romper el tabú histórico sobre
la posibilidad de un cambio de statu quo en las relaciones Catalunya-España. Y dos son los puntos débiles de esta iniciativa: tratar de acelerar la máquina de un eventual proceso independentista antes de contar con una mayoría social favorable y eludir la complejidad demográfica y de sensibilidades, hablando sólo para los ya convencidos. El gran problema de este ritual es que sólo nos ofrecerá una foto parcial del país. Aquí, el independentismo actúa como esos famosos que únicamente se dejan fotografiar del lado bueno. Por este motivo las consultas no han llegado todavía a Barcelona y al cinturón metropolitano. En este sentido, es indispensable recordar que Zapatero sacó, en Catalunya en las últimas elecciones generales, más de 1.600.000 votos, lo cual ocurrió después de la terrible gestión ferroviaria y de los juegos de manos del presidente con el Estatut y la financiación autonómica.
Lo que ocurrirá este domingo en varias localidades (al margen de los resultados que se registren) no será una anécdota y merece ser considerado con respeto. Algo relevante está pasando en la sociedad catalana, aunque no estemos todos de acuerdo a la hora explicar sus claves. Así las cosas, la pregunta que más se repite en los ambientes de reflexión catalanista estos días es la siguiente: ¿crece realmente el independentismo entre la ciudadanía o es que el sector nacionalista de siempre ha mutado sin ampliarse, mientras el resto de la gente vive al margen de estos debates? Vayamos a los sondeos. La última encuesta del Centre d'Estudis d'Opinió (CEO), organismo de la administración autonómica, señala que un 21,6% de los catalanes es favorable a la independencia. Otro sondeo reciente, impulsado por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y el Centre d'Estudis de Temes Contemporanis, entidad también de la Generalitat, aporta unas cifras nunca vistas hasta hoy: un 50,3% votaría sí a la creación de un Estado catalán. ¿Dónde está la realidad? Tal vez el independentismo sociológico fluctúa entre el 21% y el 50% según el momento, y todos sabemos que este debe mucho a la intransigencia y la cerrazón de unos poderes y una opinión pública incapaces de entender que eso que ellos ven como "anomalía catalana" no es más que una nación distinta, que pide más poder, más libertad y más recursos para autogobernarse.
Aunque las consultas locales no me parecen el mejor método para explorar un cambio de marco político ni para generar adhesiones catalanistas entre los indiferentes a este universo, no creo que puedan menospreciarse. Asumiendo que pueden generar frustraciones y que pueden convertirse en un peligroso bumerán, es evidente que responden a un sentimiento muy fuerte alojado hoy en un sector mayoritario de la sociedad catalana: el malestar acumulado por el trato que el poder central aplica a los catalanes. Un malestar que se convierte en eso que el president Montilla llama "la desafección". Y la desafección puede impulsar un voto de hartazgo cuando la gente se organiza.
Quédense con una anécdota que describe ese cambio de mentalidad que antes citábamos: la palabra independencia apareció, hace pocos días por vez primera, en una reunión directiva de una importante corporación profesional barcelonesa y a nadie le pareció raro. Atención: se está produciendo un solapamiento de centralidades, lento pero irreversible. Lo viejo y lo nuevo convergen. Por eso hay quienes, sin dejar de tener los pies en el suelo, compartimos el editorial conjunto en defensa del Estatut y, aunque parezca un contrasentido, votaremos sí el domingo.
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Después de analizar el texto, he marcado en negrita la que creo es la frase fundamental/resumen de todo el embrollo.
Hay que tener en cuenta que en Cataluña se considera que la famosa Transición se cerró en falso para ella, ya que había una serie de demandas históricas que se dejaron en el cajón por el bien y la convivencia entre todos los españoles, ya que en aquellos momentos los militares franquistas tenían mucho poder en el aparato del Estado, y que ahora, que los militares ya son todos demócratas, pues es el momento de plantear dichas demandas.
Hay que partir de la base que muchos catalanes consideran a Cataluña como una nación, y que desearían que el Estado español reconociera su plurinacionalidad.