Mi querido Loopster si la siguiente información es cierta tu apreciaciación sobre Jack Desmond es erronea, según
Alejandro Medellín el reportero especializado en témas militares con mayor credibilidad de México asegura que JDW está operando en México contra los Zetas en materia de espionaje, al igual que Xe Services y Dyn Corp.
Jax Desmond, el Ejército y la guerra contra los Zetas
http://columnas.ejecentral.com.mx/deord ... los-zetas/
May 12, 2010
— 12:00 am
El Ejército Mexicano, la Armada de México y la Policía Federal, así como la PGR, no solos libran la más reciente fase de la guerra contra el narcotráfico.
Cuentan con poderosos aliados norteamericanos que realizan sofisticadas operaciones de penetración e inteligencia, acopio de datos sensibles, ubicación de blancos estratégicos e intervención de comunicaciones (guerra electrónica).
Los aliados de las fuerzas armadas mexicanas las superan en cuanto a experiencia en el campo de batalla y están más avanzados en cuanto a recursos, organización y fogueo en guerras reales –asimétricas o no–, porque son miliares en retiro, ex combatientes israelíes y estadunidenses pertenecientes a empresas como Jax Desmond, Black Water o Dyn Corp, compañías con más de veinte años de experiencia en la administración de conflictos armados en diversas latitudes del planeta.
Sus hojas de servicio en guerras libradas en Europa del Este (Serbia, Montenegro, Kosovo), en la ex Unión Soviética (Kasajstán, Uzbekistán, Chechenia Bielorrusia), África (Angola, Somalia, Ruanda, Costa de Marfil), en Medio Oriente (Israel, Líbano, Gaza, Irak, irán, Kwait) y en algunos países latinoamericanos (Colombia, Perú, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Panamá) les dan el suficiente respaldo ya sea como tropas especiales o como mandos especializados en operaciones de baja intensidad y operaciones encubiertas.
En este caso, su papel en la guerra que libra México contra los cárteles de la droga va más enfocada al despliegue táctico de equipos y tecnología avanzada para comenzar a revertir no sólo los golpes mediáticos, certeros y efectivos, asestados por el crimen organizado al Estado mexicano, sino sobre todo van encaminados a romper paso a paso pero de forma constante y consistente el aparato de contrainteligencia de los cárteles.
Black Water dio sus primeros pasos en el estado de Veracruz a través de operaciones de vigilancia aérea con vehículos no tripulados. El experimento dio buenos resultados en cuanto a la primera meta, que era la vigilancia de alrededor de 90 puntos e instalaciones estratégicas localizadas en territorio veracruzano.
En Medio Oriente el trabajo de la empresa comprende decenas de operaciones de rescate, inserción, respuesta inmediata y captura de líderes del talibán y de otros grupos terroristas mediante células que operan de manera paralela y encubierta, más allá de las acciones que lleva adelante el Ejército de los Estados Unidos.
En México, Black Water opera en el ámbito de la guerra electrónica, apoyando en determinados momentos a la PGR y a la Policía Federal en la recolección o confirmación de datos altamente sensibles para ubicar a sicarios, operadores, lavadores de dinero, bloques de seguridad, centros de acopio de armas, vehículos.
Su actuación se ha extendido en las últimas semanas y los especialistas de Black Water han centrado sus operaciones de guerra electrónica en dos cárteles: los Beltrán Leyva (o lo que queda de ellos) y la Familia Michoacana.
El impacto de sus acciones comienza a verse y a motivar despliegues de la Marina en puntos sensibles cercanos a la capital del país. El aseguramiento de arsenales, de dinero y de documentos y bases de datos de estas dos organizaciones criminales va abriendo camino para nuevos operativos en los que los Beltrán y sus células comienzan a estar más ocupadas en ocultarse y tratar de organizar vías de escape que en seguir consolidando sus operaciones o en recuperar los territorios que Edgar Valdéz Villarrealles quitó en Morelos.
Un caso más agudo es de la empresa de seguridad global que encabeza Jax Desmond, la cual, desde hace poco más de seis meses, opera con grupos de inteligencia de alto nivel para apoyar a las fuerzas armadas mexicanas en la desarticulación de los Zetas.
Desmond ha sido por demás cauto en el manejo de la delicada labor que su gente –ex combatientes del Ejército israelí, ex integrantes del Mossad y de otros grupos de inteligencia antiterrorista– lleva a cabo, iniciando en Monterrey, Nuevo León, sus incursiones para contra atacar con operaciones de guerra electrónica a las células de los Zetas.
Nuevo León, Coahuila, parte de Tamaulipas, así como parte de Durango y Zacatecas presentan despliegues esporádicos de la gente de Jax Desmond en una ofensiva que el dueño de la empresa ha comentado a este columnista le llevaría poco más de medio año cumplir, y cuyo objetivo central es el del capturar a los cuatro líderes del otrora brazo armado del cartel del Golfo: Heriberto Lazcano, Ezequiel Cárdenas Guillén, Jorge Eduardo Costilla Sánchez y Miguel Ángel Treviño Morales.
Las operaciones más fuertes registradas en Tamaulipas hace dos meses y en las que aparentemente los Zetas se enfrentaron entre sí en la disputa de territorios, fueron en realidad el resultado de acercamientos e infiltraciones de la gente de Desmond en la estructura de los sicarios más duros y curtidos en combate al servicio de Lazcano.
Desde hace tres meses los estrategas de la empresa operan en Texas. En un inicio la idea era la de operar solos, como siempre lo han hecho, sin rendirle cuentas al gobierno mexicano sino hasta el momento de capturar a los líderes de los Zetas.
Para ello requerían toda clase de autorizaciones y garantías para desplazarse, ubicar sus bases y actuar prácticamente en forma extralegal.
Incluso Jax Desmond aclaró en su momento, en el proyecto que envió a Los Pinos hace meses, que si en el curso de sus acciones contra los Zetas llegaba a toparse con militares mexicanos, tendría que detenerlos y entregarlos a alguna autoridad para que se obstruyera su trabajo de persecución.
Gobernación rechazó tal plan, pero propuso a su vez formas de apoyo mediante operaciones de guerra electrónica que implican el uso de sofisticado equipo de escucha, decodificación y encriptación de comunicaciones, tal como se ha hecho en Irak.
El plan fue aceptado y está en marcha. Jax Desmond y su gente están dando resultados. Los Zetas han debido desplazarse y reconformar su esquema operativo de cara a una ofensiva silenciosa, precisa, en la que enfrentan ojos y oídos invisibles cuya actividad tiene un precio.